Octubre 17, 1945.
El coronel Perón , la primera persona que había dado identidad a una clase social que no era reconocida en su condición humana, había sido encarcelado y obligado a renunciar. La mala nueva corrió cual una ola . Desde Jujuy hasta Santa Cruz, en cada rincón, alguien se estremeció de dolor, de angustia. Y tímidamente al principio, creció de a poco como el fuego destructivo que nadie ve hasta que envuelve, arrastra y se convierte en llama indetenible. Sobre esa llama se montó el pueblo, el innombrable, el que no existía, el subsuelo… Y la llama serpenteo por la patria y fue tea, fue fogata y fue el infierno de los que hasta ese momento eran los dueños únicos de la palabra, del orden y de la justicia. Y los miles, centenares de miles no sólo afloraron: se convirtieron en un peligro.
Mucha agua corrió bajo el puente, intentando apagar el resplandor, a veces tenue. Pero siempre una llamita que al menor impulso se volvía llamarada, indicaba a los menos que los mas también eran. Y tenían necesidades devenidas en derechos, como habían aprendido de alguien en tiempos lejanos y no olvidaron nunca. Bombardeos, fusilados, muertes, cárcel, proscripciones, prohibición de la palabra, división inducida, difamaciones, juicios nunca probados, exilios y desapariciones forzadas, hambre, desocupación , miseria y destrucción se sucedieron en el escenario, impúdicamente, a la vista de quien quisiera verlo.
Pero también la esperanza, la solidaridad, la valentía, la entrega, el renunciamiento, la resiliencia hicieron lo suyo. Y el pueblo no olvidó. Con discusiones, con traiciones, entre gritos y peleas, marchas y contramarchas, siempre termina sabiendo de qué lado están sus intereses.
Octubre 17, 2020.
Llegó el día del recuerdo. Esta vez, todo preparado. Todos expectantes. Y algo pasó para impedir la fiesta que haría historia. No interesa demasiado quien fue, aunque se sospecha. Los pocos creyeron que con ese solo inconveniente, se acababa el tema. Pero los muchos seguían siendo los mismos. “Si nos impiden lo permitido, volvemos a las calles, a las plazas”. Otra vez la ola creció hasta convertirse en llama indetenible. Los cientos de miles, como ayer. Todos pensando y sintiendo lo mismo que hace 75 años. Con la misma alegría del reencuentro, con la misma esperanza en el rostro, con los mismos ideales que limpian la mirada y la palabra. Y ese fue el mejor homenaje a los que participaron de aquella gesta fundacional.
Como ayer, hoy se intenta acallar. Los diarios no dicen nada. No pasó nada. Nadie estuvo. Nadie dijo BASTA. Nadie existe, excepto quienes tienen nuestro salvoconducto, dicen los pocos. Y los muchos, llenos de esperanzas, con la fuerza de la convicción y la alegría de contar con todos los demás, sus compañeros, crecieron con fuerza, iluminando la noche del 17 y también otras muchas que vendrán.
MAGGIE
El coronel Perón , la primera persona que había dado identidad a una clase social que no era reconocida en su condición humana, había sido encarcelado y obligado a renunciar. La mala nueva corrió cual una ola . Desde Jujuy hasta Santa Cruz, en cada rincón, alguien se estremeció de dolor, de angustia. Y tímidamente al principio, creció de a poco como el fuego destructivo que nadie ve hasta que envuelve, arrastra y se convierte en llama indetenible. Sobre esa llama se montó el pueblo, el innombrable, el que no existía, el subsuelo… Y la llama serpenteo por la patria y fue tea, fue fogata y fue el infierno de los que hasta ese momento eran los dueños únicos de la palabra, del orden y de la justicia. Y los miles, centenares de miles no sólo afloraron: se convirtieron en un peligro.
Mucha agua corrió bajo el puente, intentando apagar el resplandor, a veces tenue. Pero siempre una llamita que al menor impulso se volvía llamarada, indicaba a los menos que los mas también eran. Y tenían necesidades devenidas en derechos, como habían aprendido de alguien en tiempos lejanos y no olvidaron nunca. Bombardeos, fusilados, muertes, cárcel, proscripciones, prohibición de la palabra, división inducida, difamaciones, juicios nunca probados, exilios y desapariciones forzadas, hambre, desocupación , miseria y destrucción se sucedieron en el escenario, impúdicamente, a la vista de quien quisiera verlo.
Pero también la esperanza, la solidaridad, la valentía, la entrega, el renunciamiento, la resiliencia hicieron lo suyo. Y el pueblo no olvidó. Con discusiones, con traiciones, entre gritos y peleas, marchas y contramarchas, siempre termina sabiendo de qué lado están sus intereses.
Octubre 17, 2020.
Llegó el día del recuerdo. Esta vez, todo preparado. Todos expectantes. Y algo pasó para impedir la fiesta que haría historia. No interesa demasiado quien fue, aunque se sospecha. Los pocos creyeron que con ese solo inconveniente, se acababa el tema. Pero los muchos seguían siendo los mismos. “Si nos impiden lo permitido, volvemos a las calles, a las plazas”. Otra vez la ola creció hasta convertirse en llama indetenible. Los cientos de miles, como ayer. Todos pensando y sintiendo lo mismo que hace 75 años. Con la misma alegría del reencuentro, con la misma esperanza en el rostro, con los mismos ideales que limpian la mirada y la palabra. Y ese fue el mejor homenaje a los que participaron de aquella gesta fundacional.
Como ayer, hoy se intenta acallar. Los diarios no dicen nada. No pasó nada. Nadie estuvo. Nadie dijo BASTA. Nadie existe, excepto quienes tienen nuestro salvoconducto, dicen los pocos. Y los muchos, llenos de esperanzas, con la fuerza de la convicción y la alegría de contar con todos los demás, sus compañeros, crecieron con fuerza, iluminando la noche del 17 y también otras muchas que vendrán.
MAGGIE
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